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Cala Cinta


 5 A TAULA LA VANGUARDIA 29.10.10

Guisos de campeonato . Fonda Ca la Cinta, la exquisitez de la cocina popular

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Jacinta y su esposo asumieron la gestión de Ca la Cinta, un proyecto familiar que reúne a sus tres hijos. En esta casa, cualquier guiso se transforma en una refinada propuesta de gozo sensorial. Todos los guisos que elabora Jacinta Camprubí son muy sabrosos pero el que se lleva la palma y atraeamás gente a esta casa es el guiso de oca que habitualmente Cinta elabora con peras –el tradicional oca amb peres–yque en esta época de otoño prepara con setas. Pero, en fin, ya sea con peras, ya sea con setas, este guiso resulta extraordinario. Es un guiso de campeonato. Encontraran la fonda Ca la Cinta en l’Alou, núcleo perteneciente a la localidad de Sant Agustí de Lluçanès, una pequeña población que, en medio de un paraje que combina campos de pastoreo con pinares y robledos, transmite al foráneo la placidez de la vida campestre. Jacinta trabajó bastantes años en la cocina del hostal Cobert de Puigcercós, en la no lejana población de Borredà. “Allí –nos dice– me formé y, junto a la abuela Trini –extraordinaria cocinera– aprendí los secretos de la cocina tradicional, las bases culinarias de aquellos guisos de origen rural, caseros y queridos, que hoy la celeridad y la impaciencia alejan de nuestra vida familiar. En realidad –prosigue Jacinta– siempre me había agradado mucho cocinar pero trabajar junto a Trini fue la mejor de las experiencias”. Hace nueve años, Jacinta decidió finalizar su larga labor en los fogones del Cobert de Puigcercós para encauzar un nuevo camino. Así, junto a su esposo Melcior Rovira, asumieron la gestión del actual restaurante, un proyecto familiar en el que también hoy participan sus tres hijos: Ferran, en los fogones junto a su madre, y Albert y Nuria, ella –maestra– en el comedor y él –básicamente dedicado al labriego y a las tareas del campo– en la cocina. Jacinta es la responsable del apartado de guisos mientras que Melcior se ocupa principalmente de las cocciones a la brasa. Nuestra comida comenzó con una sopa tostada con albóndigas. A continuación nos inclinamos por unos canelones de setas cubiertos de una ligera bechamel –buenísimos–, siguieron unos garbanzos simplemente acompañados de una crujiente y sabrosa rosta y, como no, finalizamos con una oca con setas absolutamente recomendable. De todos modos, no tardaremos en volver para probar el pollo de payés con ciruelas, el jabalí guisado con patatas, la ternera con setas, el rabo de buey y las galtes de ternera guisadas. Quien prefiera no acabar con un guiso pueden optar por la amplia propuesta de carnes a labrasa: entrecot, butifarra, lomo, conejo, pies de cerdo o galtes. A parte de la sopa de albóndigas, los garbanzos y los canelones de setas, otros entrantes absolutamente recomendables son los macarrones, los tradicionales canelones de carne, las judías del ganxet amb rosta, el trinxat de patata y col o la sopa de fredolics. Son platos, todos, que requieren tiempo, paciencia y una mágica calidad llamada sazón, que es la que permite al cocinero eludir la mecánica del recetario y utilizar la intuición. Como postres, el flan casero, la crema y los farcellets de praliné de avellana que elabora Ferran. Nuria, hija de Jacinta y Melcior, atiende con eficiencia el servicio de comedor y, junto a ella, las solícitas y amables Fina, Susi y su hija Sandra –vecinas del pueblo– conforman un servicio familiar, atento y diligente. La presión, cada día mayor, de lo global y genérico frente a lopequeño y local, el apremio de lo urbano sobre lo rural, nos puede llegar a distorsionar cosas tan evidentes como la pervivencia de tradiciones, hábitos y costumbres como, entre otras, la propia manera de cocinar o comer. Esto es grave y lo peor es que no nos damos ni cuenta. En esta casa, unos simples macarrones, unos rústicos garbanzos amb rosta, una sencilla sopa de albóndigas o fredolics, o cualquiera de los populares guisos que Cinta elabora en función de la temporada, transforman lo más sencillo en una refinada propuesta de gozo sensorial, convierten lo más próximo y natural en el más delicado y generoso de los manjares, en un festín simple y casi olvidado que subyace gracias a la sabiduría popular de cocineras y cocineros que como Cinta trabajan a diario en el más digno y honesto anonimato. A todos ellos, nuestro más sincero aprecio y consideración.
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2 comments on “Cala Cinta

  1. […] fonda a Cala Cinta. L’altre quadre ben emmarcat que llueix la Cinta és l’article dels 5 a taula, els altres, els de La […]

  2. […] de gener de 2010 la primera visita, i el 29 d’actubre de 2010 reproduïem l’article de 5 A TAULA de LA VANGUARDIA. La Cinta no defrauda, avui unes galtes de vedella guisades, sanglar amb patates i […]

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